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Everest, ¿Cumbre espiritual o un mercado muy macabro?

Tradicionalmente la Montaña es un símbolo de peregrinaje espiritual. En todas las tradiciones la montaña más alta es la morada de los dioses, así tenemos el Olimpo de los Griegos, el Kailas en el Himalaya que es la morada de Shiva o el Kalimajaro en África y Machipichu en Sur América. En todos los casos “subir la montaña” es acercarse a Dios.

Si bien el alpinismo es un deporte también, siempre se revistió de la mística de la naturaleza, el disfrute del asenso, el paisaje, la soledad y la inmensidad, no dejaba de ser espiritual aunque no fuera necesariamente religioso. Pero hace unos días estamos viendo las noticias de una locura en Asia, donde el asenso al Everest, “La Sagrada Madre” como traduce su nombre tibetano, se ha convertido en un mercado absurdo. El patio de recreo de los millonarios que pagan más de 50mil dólares por subir según dicen, y eso no es lo peor.

Hoy en día se hacen filas larguísimas en la cumbre del Everest y los caminantes relatan que pasan al lado de los muertos mientras ascienden apretados en una larga fila e incapaces de regresar porque son empujados por el tráfico de personas. Como dice una astróloga que reseñó esta noticia en Inglaterra: “la cumbre del Everest está bañada en excremento de los alpinistas”. En lo que va del año han muerto ya 9 personas en esa travesía y seguramente morirán aún más, es una expresión desquiciada y lamentable de nuestra cultura.

Es un retrato literal de la energía contenida en Capricornio que justamente representa las montañas, me refiero tanto a Plutón como a Saturno, planetas que representan la muerte y el Nodo Sur que es el punto del “olvido” como lo describen algunos. Pero también me llama la atención que este tipo de cosas confirman lo que las Enseñanzas de la Tradición Iniciática presentan acerca del cambio geomagnético en la Era de Acuario.

Cada Era (periodo de 2.500 años aproximadamente) la energía del planeta – su Kundalini – se concentra en una línea montañosa. En la Era de Piscis (0 – 1948 d.C.) las altas montañas del Tibet fueron ese epicentro magnético donde se resguardaron las tradiciones espirituales más antiguas del planeta, lugares donde los “no – iniciados” simplemente no podían pasar pues la fuerza los repelía de ese Techo Espiritual. Pero a comienzos del siglo XX ese geomagnetismo se empezó a trasladar a la cordillera de los Andes en Sur América pasando por los Pirineos en Europa brevemente. Pero es aquí en América donde la Era de Acuario tendrá su epicentro (tal como el poeta Rubén Darío lo describió tan hermosamente en su obra “El Porvenir”) y justamente en esos años de guerras mundiales, los comunistas chinos lograron penetrar por primera vez las regiones del Tibet, invadiendo y desolando a la única teocracia del globo. La fuerza se había ido y ahora si podían pasar los profanos.

Ahora vemos esto en la cordillera del Himalaya, una expresión de la ambición más materialista posible – querer subir a toda costa una montaña para tener algo que contar, un selfie que mostrar y un gran ego que satisfacer, en esa región que antes albergara la energía más pura. 

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